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Manuscrito inédito de Olga Cossettini: reseña de memorias...

 

Queridos amigos:
Mi relato no es más que el emocionado recuerdo de los casi cuarenta años que vivo aquí, en este Alberdi que tanto quiero, por lo mucho que me dio en salud, en alegrías, en trabajo gustoso, en amigos y en recompensas. Sigo feliz entre sus gentes, su paisaje, su río y la paz que aún se respira. Lo que voy a leerles son memorias, recuerdos de gentes sencillas y de ilustres personalidades que pasaron por la escuela, una escuela que vivió sin ostentación, pero con hondura, hechos, acontecimientos y la presencia de amigos que nos visitaron en el transcurso de los catorce años que duró la experiencia. Sus actores fueron los niños y los conductores los maestros.Es una crónica, una reseña de memorias, lejos de ser una conferencia.

PERSONALIDADES QUE VISITARON LA ESCUELA “DR. GABRIEL CARRASCO” DESDE 1937 A 1949.
A mediados del año 1935 llegué a Alberdi para hacerme cargo de la dirección de la Escuela “Dr. Gabriel Carrasco” cuyo puesto estaba vacante. Me cautivó el barrio con sus gentes, su río, sus quintas, las arboledas llenas de pájaros, las calles de tierra sombreadas por paraísos perfumados en primavera, y las zanjas orladas de verbenas rojas y lilas que llegaban florecidas hasta el umbral mismo de las puertas. Los vecinos eran sencillos, cordiales y los niños el marco adecuado de aquel paisaje, andariegos, alegres, en bandadas bulliciosas, recogían semillas para sus juegos, imitaban el silbo de los pájaros, jugaban en los huecos del barranco o con cañita al hombro iban a pescar mojarras en el río cercano. Estaban identificados con el paisaje; eran juguetones y sencillos al mismo tiempo. Y les gustó la escuela porque no los privó de sus ideas y venidas familiares, ni de su curiosidad primaria en el descubrimiento de insectos, flores, plantas, ni de su placer de deambular por las calles. La escuela les organizó sus juegos, orientó su curiosidad, aguzó su interés y los condujo al estudio y al trabajo ordenado y metódico. Así, poco a poco surgieron los observadores, los dibujantes, de una planta, de una flor, de un insecto, los imitadores del canto de los pájaros que motivó la creación del coro de pájaros que tanta emoción causaba en los visitantes. Los maestros se adaptaron al cambio; la atención, la observación, la independencia dentro del orden, fue creando un ambiente nuevo, cuyo origen estaba en el interés y en la libertad condicionados. Este contacto directo con los seres y las cosas, esta actividad bien dirigida dio a la escuela, podríamos decir, un ritmo nuevo que permitió a los maestros y a los niños descubrir que el monótono repetir de una lección, de un concepto, de una clase, se transformaba en trabajo gustoso, útil, placentero, ordenado, creador. Como en toda sociedad los individuos se caracterizan por sus condiciones de inteligencia, por sus aptitudes para el trabajo ordenado, consecuente, de interés, la escuela no difiere y procura crear en el niño esas aptitudes y así no pasó mucho tiempo para que se modificara el método por la influencia de maestros y de alumnos. Las excursiones frecuentes, las salidas diarias de los más pequeños, asiduas en los mayores, para observar un fenómeno natural, una planta o un animal en su ambiente, mirar el trabajo del herrero, del albañil, del jardinero, visitar a un antiguo habitante del barrio, eran actividades que no podían cumplirse en el aula sin el contacto y la observación directa.
La libertad para ver, observar, decir, dio sus frutos e hizo del niño un observador atento, un camarada cordial y un creador de su propio trabajo que se realizaba con un ritmo nuevo que él sintió y expresó en el lenguaje oral y escrito, con el dibujo de forma y color antes desconocido y que sorprendió a los mismos maestros y atrajo con curiosidad, primero y con emoción después a los numerosos visitantes que empezaron a llegar a la escuela. Era el trabajo gustoso, como lo calificara el poeta Juan Ramón Jimenez en una conferencia dada en la ciudad, después de su visita a la escuela. Pero sigamos en orden:

El primer hombre de Rosario que descubrió la escuela, fue el arquitecto Hilarión Hernandez Larguía, entonces Director del Museo de Bellas Artes “Juan B. Castagnino”. Fue nuestro gran amigo y colaborador ya que muchas de las personalidades que nos visitaron se debieron a él, así como la actuación del teatro de la escuela y la exposición de dibujos y acuarelas que se presentaron en la sala del Museo. También debemos a este gran amigo, que fuera acordada una beca a Ramón Peralta, para la escuela de cerámica de Bs. AS. Y a su influencia directa, la publicación de nuestro libro “EL NIÑO Y SU EXPRESIÓN” editado por el Ministerio de Educación de la Provincia del entonces Ministro Prof. Juan Mantovani, libro que se distribuyó gratuitamente en el país y en América. Su padrinazgo fue valioso y así lo reconocieron los maestros, los padres y los alumnos. El alumnado estaba constituido por hijos de empleados, obreros, de pequeños comerciantes y de los pescadores que vivían en los ranchos de la costa y del barranco.

Vino en nuestra ayuda para la creación del comedor escolar, el Rotary Club de Rosario que presidía entonces el Dr. Carlos Wescamp. Fue una muy importante colaboración y que pudo sostenerse gracias al muy valioso apoyo de la Cooperadora y del Centro de Madres de la escuela. Durante varios años almorzaron diariamente unos treinta
niños. La vida de la escuela estaba llena de anécdotas: recuerdo que una vez vino una madre para decirnos que como no sabía leer ni escribir no podía firmar las notas del cuaderno de su hijo. Me ofrecí para enseñarle y así fue que aquella madre vino a mi casa todas las tardes y aprendió con rapidez. Entre un ejercicio y otro conversábamos y así pude conocer el mundo lleno de estrecheces en que vivía con su familia, sus trabajos diarios y que semanalmente debía amasar el pan para todos. Se emocionó hasta las lágrimas cuando le escribí la frase MARÍA AMASA PAN que aprendió de inmediato. Poco días después mi alumna llegó a mi casa con un pan blanco y redondo por ella amasado. Y los padres de José, de Ramón, de Florentino y de tantos otros que vivían en los ranchitos de la costa y el barranco y que nos saludaban cariñosos levantando en alto los brazos o corriendo a nuestro encuentro, alegres, francos, fraternos; y el recuerdo de aquel otro muchacho que buscaba refugio y calor un día entró, corrido a la escuela y se quedó tres años sin entrar a un aula, leyendo en la biblioteca o ayudando en pequeños quehaceres del patio, asistiendo a conciertos y fiestas, hoy obrero trabajador que pasa del brazo de su mujer y nos saluda con afecto, y de tantos otros, vivos en el recuerdo.
Con estas notas quiero decir que la escuela albergaba un elemento humano inmejorable para lo que nos proponíamos hacer. De esta armoniosa comunidad de escuela, familia y barrio nació nuestra escuela, recibiendo y dando al mismo tiempo. De esa comunidad surgieron el dibujo, la acuarela, la composición y el poema, el saber aprendido y el saber transmitido como ocurría en las Misiones Culturales que a fin de año hacíamos en distintos rincones del barrio y en la plaza. Como no he anotado ni fechas ni nombres, confío en la memoria, y en las cartas y recortes de los diarios sobre las personalidades y amigos que nos visitaron entre los años 1937-1950.

Recuerdo al pintor Horacio Butler entonces Director de la Escuela de Bellas Artes de Bs. Aires, y que entusiasmado por lo que había visto, le mandó a Leticia un bello telón para una de las estampas de “Platero y yo” que ella representaba con los niños en el teatro de títeres. Maestros de diferentes ciudades llegaron ansiosos, atentos, observadores, incrédulos al principio, entusiasmados después, que salían con los niños a recorrer el barrio para verlos actuar y comprobar las bondades del método.
“Vine enfermo y me voy sano” nos dijo el Profesor Juan Mantovani Ministro de Educación de la Provincia, una mañana que llegó a la escuela con su mujer, la escritora Fryda Schultz de Mantovani, quien dedicó poco tiempo después la poesía “EL RÍO Y EL SOL”, que dice así:


Para Olga Cossettini. Para los niños de la Escuela “GABRIEL CARRASCO” de Rosario.


El sol, en silla de nubes,
en el río se contempla,
las mejillas rubicundas
y candente cabellera.
El espejo se le borra
Porque el río con él juega,
y le hurta los cristales
y en la costa se los quiebra.
Canta el río con voz clara,
pero el sol no le contesta
y en la silla de sus nubes
ya se esconde y no se muestra.
Canta el agua azul y verde
y en el canto la voz tiembla…
Pero el sol, que no se enfada,
viene ya con la respuesta.
Y otra vez el río corre
y otra vez el sol lo besa.
¡Alegría de las olas
que alcanzaron con sus crestas
a tocar en el poniente
las doradas, finas hebras!
En la cuna de las aguas
el sol tibio se recuesta;
va a marcharse. El río manso
lo despide hasta la vuelta.
Un ¡adiós! Agita el aire,
y vestido de violeta
gime el río solitario
porque el sol se va y lo deja.
Despedida de la tarde:
poco adiós y mucha pena.
Hay un río en el silencio
y una sombra que lo acecha.

Fryda Schultz de Mantovani
Santa Fe, marzo de 1939.

 

Una mañana llegó a la escuela Javier Villafañe, el titiritero que ya entonces era la alegría de miles de niños y de adultos del país. Qué sorpresa, qué alboroto y qué asombro ante la magia de Javier poniendo en boca de sus muñecos las más divertidas y asombrosas aventuras por él creadas; enseñó a maestras y niños la manera de preparar los muñecos y el arte de animarlos. Aún hoy Javier Villafañe viaja por América divirtiendo y enseñando el arte titiritero.

El Profesor Jorge Romero Brest, Crítico de Arte y autor de varios tratados sobre pintura visitó varias veces a la escuela; le gustaba mirar a los niños cuando dibujaban y coloreaban sus trabajos y a él debemos la publicación de una página del rotograbado de “La prensa” de numerosos dibujos. Pero una mañana Romero Brest llegó en el momento en que los niños salían al patio con sus sillas y se ubicaban al pie del altoparlante para escuchar uno de los habituales conciertos fonoeléctricos. Los alumnos conocían la música nativa, el canto y la danza, del folklore que en las clases cantaban. Pero yo había traído de los Estados Unidos una colección de discos para la educación musical de los niños que Radio Victor había grabado con el
asesoramiento del maestro Arturo Toscanini, la colección se proponía la educación musical a través de una serie de grabaciones sabiamente elaborados. Un libro acompañaba a la colección y enseñaba. Esa mañana los niños iban a escuchar una cara del disco (tamaño mediano) que tenía grabadas tres canciones de cuna: una de Bach en flauta, la otra de Mozart en violín, la tercera de Brahms en flauta y violín. La atención era perfecta; escuchaban y pedían volver a escuchar; repetida la canción la tarareaban hasta el final y sabían distinguir los instrumentos. Romero Brest estaba sorprendido y creo que también emocionado.

Con Hilarión Hernandez Larguía vino una mañana el escritor Ernesto Sábato; en víspera de elecciones del Centro estudiantil Cooperativo y las paredes y arcos del patio estaban cubiertos de carteles, algunos primorosamente pintados. Sábato nos recordó siempre, aún ahora que han pasado tantos años.

Pero un día llegó a Rosario el Cuarteto de Laúdes de los Hermanos Aguilar, famosos en Europa y en los Estados Unidos. No recuerdo porqué circunstancias llegaron a Alberdi y desde luego a la escuela. Paco, su genial director vino todos los días e hizo amistad con niños y maestros; había encontrado en la escuela y en el barrio un remanso a su trajinada vida y en nosotros el fraterno afecto que necesitaba. Lo veíamos entrar fatigado, casi vencido, pero poco a poco de estar se animaba con el contacto de los niños a quienes dedicó la música de una “Muñeira”, de la que era autor. Y era tal su simpatía que invitó a los alumnos a un concierto en el teatro Odeón de Rosario. Nos escribió cartas desde distintas ciudades, pero era evidente que su salud decaía. La última que recibimos dice así:

“A Olga Cossettini en Alberdi, para envidia de los demás pueblos argentinos. Amiga querida: Por no aceptar mi cuerpo la dictadura de mi espíritu, tiéneme usted reponiendo en quince días fuerzas gastadas en dos años. Es el tiempo que pasó sin que el balanceo del mar engrasara el eje de mi dínamo. Recibí su carta cuando Santa Daliba me sacaba de mi casa de Buenos Aires para dejarme con mi hermana Lala en una chacra de Quilmes. Los médicos me han prohibido pensar en algo. Pero no puedo. Está usted, vive Alberdi, aspiran a vivir sus niños y guardo su carta dirigida al Cuarteto. Y su cuarta parte que de éste soy no puede dejar un día más en el aire sin que un papel recoja el abrazo espiritual que rodea a usted desde que la conoció en Buenos Aires-
                                             PACO AGHUILAR- San Carlos 15 Septiembre 1937.

Poco tiempo después PACO AGUILAR, famoso Laudista y muy querido amigo moría en Córdoba adonde había ido en busca de salud.

El Profesor Dr. Francisco Romero, investigador en el campo de la filosofía, visito varias veces la escuela y escribió más tarde el prólogo a nuestro libro “LA ESCUELA VIVA”. Prestigiosos maestros nos visitaron como Luz Vieira Mendez de brillante trayectoria en el campo de la educación de nuestro país y de América. Miembro consultivo de la UNESCO, lamentablemente fallecida cuando mucho podía dar a los maestros americanos.


El Dr. Profesor Beppo Levi, amigo de Einstein y Profesor de la Facultad de Ingeniería de Rosario, nos dio consejos sobre la enseñanza de la Aritmética en los primeros grados. La Dra. Delia Etcheverry, Profesora de la Facultad de La Plata nos visitó varias veces con grupos de alumnos de su ciudad y de la Capital Federal y difundió en revistas sus impresiones y puntos de vista sobre la escuela. Jesualdo, el maestro uruguayo, uno de los precursores en la expresión creadora del niño en la composición y el dibujo, autor de varios libros sobre el tema. El médico y psiquiatra español Emilio Mira y López vino varias veces y nos interesó sobre la aplicación de un test mioquinético del que era autor. Sus libros tuvieron gran difusión entre los maestros estudiosos del país. El Dr. Osorio y Gallardo que fuera Presidente de las Cortes de España durante la República. El Dr. Bernardo Canal Feijoo que difundió nuestras experiencias en revistas importantes argentinas.

Susana Larguía mandó valiosos materiales para el laboratorio. Marta Samatán, amiga, maestra y escritora nos visitaba con frecuencia y difundió en artículos y en conferencias aspectos poco conocidos de nuestro diario quehacer. Marta era amiga de Gabriela Mistral que conoció en Vicuña (Chile), de donde era originaria también su madre, ambas, amigas de infancia. Cuando Gabriela Mistral vino a Rosario a dar conferencias invitada por la Escuela Normal Juan María Gutierrez, cuya directora era la siempre recordada Lola Dabat. Marta Samatán vino a Rosario y trajo a Gabriela a la Escuela. Era fácil observar su rostro tan expresivo, levantar su mano para acariciar a un niño, sentirse feliz, emocionada, gozosa al terminar la mañana, cuando se fue, me tomó de las manos y me dijo: “Que Dios la bendiga, yo siempre soñé que mi escuela fuera como la suya pero Ud. Ha sido más valiente que yo, porque yo la he traicionado alejándome de la mía. Que Dios me la guarde a UD. bien para que siga haciendo por los niños obra tan bella”. 

 

Muchas cartas me escribió Gabriela desde diferentes países de América, cartas llenas de ternura y recordación y la promesa de terminar un libro para los niños que tenía empezado. A la mañana siguiente de su visita a la escuela un grupo de admiradores y de amigos la invitó a hacer un paseo en lancha y a recorrer el río, el puerto, las islas. La conmovió profundamente la presencia de los silos, el pan de América, y esa presencia le inspiró el Mensaje a los NIÑOS DEL LITORAL y que dedicó a Dolores Dabat y a mí. El mensaje dice así:

MENSAJE DE GABRIELA MISTRAL A LOS NIÑOS DEL LITORAL
Dedicado a DOLORES DABAT Y OLGA COSSETTINI
Maestros Ejemplares del Paraná

Niños del Paraná, niños del trébol de ciudades que acabo de ver y que voy a dejar; yo agradezco esta ocasión que me dan de hablar con vosotros.
Ayer yo navegué vuestro río, bajé mi mano a vuestra agua fluvial y el río bueno tomó mi cuerpo y me llevó consigo…
Ayer yo vi los elevadores rosarinos de grano, los medí, los gocé y los bendije pasando. Las mujeres amamos las cosechas de Canaán, porque nosotras somos las proveedoras de las mesas y a nosotras nos toca distribuir el pan.
Los graneros parecían, a la luz de la mañana, torres de Cibeles o el talle mismo de Ceres, galaneando en la luz argentina; los graneros parecían también los mástiles de la abundancia, los palos mayores de la grande patria agraria.
Yo nunca olvidaré, niños argentinos, esos graneros rosarinos, empinados como aleluyas del trigo; siempre llevaré en mis ojos su signo blanco, su raya vertical, su dedo afirmador de la abundancia feliz.
Lindo destino os regaló la Providencia, niños del Paraná. Podría decirse del sustento del hombre que lo primero es el pan y lo último es también el pan.
Vuestra llanura es una horizontalidad perfecta, por voluntad de pan; vuestra lluvia también cae copiosa por voluntad de pan y vuestro aire vuela sin vidrios de hielo, igualmente por amparo del pan.
La Argentina plantó y crió lo que era menester, se aplicó como quien dice a las raíces del ser, oyó lo que pide la boca del niño y dio las espigas y lo que reclama la del trabajador y desató en la mapa su ganadería homérica.
Vosotros oís un repertorio de música que hacen las mágicas espigas del Paraná. El trigal recién nacido ondula blando, el trigal maduro suena virilmente áspero, y el chorro de oro que sube y baja de los graneros mecánicos, ése canta a repechadas de música.
Vuestros oídos están llenos en la infancia de esta música cereal, de este golpe de trigo en ciernes y del trigo maduro. Si a mí me tocase escoger las hablas que caen a mis oídos, escogería, tal vez, la de los trigos de la Argentina, la de los hueros chilenos y la del maizal de México. Porque soy mujer y esas voces sosegarían mi corazón diciéndome que hay harina y frutas bastantes para los hombres de la tierra, que no falta y que alcanza a todas las manos.
¡Alabad vuestro cereal santo, aunque lo tengáis resabido y sea vuestra costumbre eternal!. La alabanza es el regusto de la gratitud que se vuelve devolución. Haced himnos con el trigo, dibujos incontables con la espiga y la gavilla y haced danza con las parvas!.
¡Ande siempre el trigo en lustra probidad racial, ¿vuele el trigo en vuestro donaire criollo; los americanos palpemos en vosotros siempre una nobleza de trigo; y seáis vosotros, niños argentinos, lo que esta vieja maestra quiere, cuando mira a cada niño de su raza: grano maduro para resistir el mal y grano tierno para  amasar la humanidad que pide todavía Cristo, la cristiandad cabal, la que parece que no hubiese nacido aún y que Cristo tal vez ya no espera sino de nosotros, gente americana, gente nacida para la nobleza y la piedad
totales!.

Firmado: Gabriela Mistral. Rosario, 5 de Abril de 1938.

Una mañana, sí que fue de alegría y emoción; era feriado pero la noticia corrió por el barrio y llegaron los niños y el patio se llenó de expectante curiosidad y alegría. Se había anunciado la visita del poeta español, autor de Platero y yo, Juan Ramón Jiménez; cartas y telegramas del poeta a Leticia le decían de su vivo interés de venir a la escuela y ver a su Platero, representado en títeres. Nada mejor que recurrir a la revista que publicaba periódicamente la escuela y leer lo que Marina, de diez años, escribió al respecto de la visita del recordado poeta:

JUAN RAMÓN JIMENEZ EVOCA SU ESTADA EN ESTA CIUDAD, Sept 1946.
Juan Ramón Jiménez, el eminente poeta hispánico, que no hace mucho, regaló a la sensibilidad rosarina con una extraordinaria conferencia, ha escrito a uno de nuestros redactores una carta destinada a evocar aquella su breve estada entre nosotros. 

 

Inicialmente refiérese en ella al encantador espectáculo –expresa- que nos dedicó la escuela que dirige Olga Cossettini. Y añade: “También dijo unas palabras sobre tan conmovedora fiesta la misma de aquella mañana de gozo, en mi lectura del teatro El Círculo. Pero quiero hacer más público y más permanente mi testimonio de aquel bellísimo ejemplo de trabajo gustoso”. Enseguida recuerda el concierto de pájaros niños, dirigidos por Leticia Cossettini, “en el que la riqueza de los sonidos componían una música como de un Debussy, un Ravel, un Prokoneff, un Alban Berg que hubieran andado por allí entre nubes sonrientes”, y continúa: “Vino después el teatro de títeres manejados por las muchachas y muchachos Nelly Pinelle, Gladis Vazquez, Irma Noceti, Ana María Puso, Ernesto Gotero y Angel Rodríguez, los mismos que, hace siete años, lo estrenaron siendo niños y quienes me lo contaron y dibujaron todo en un manojo de recuerdo inolvidables, que yo recibí en La Florida, en los Estados Unidos Norteamenricanos. Habló la boca de unos lindos títeres, voz aguda y fina que todos conocíamos en sus matices particulares. Entonces siguieron tres estampas mágicas de mi “PLATERO”, escenificaciones extraordinarias de un juego, una nochebuena y un carnaval. Qué maravillante armonía de color, sonido y ritmo, sobre qué fondos de primorosa estilización de colores y luces”. Luego de otros conceptos de encomio acerca del mismo particular, el poeta anuncia que volverá a esta ciudad año tras año, mientras viva a gozar de tan preciosa realización y finalmente agrega: “Me voy de Rosario, fascinado. Y quiero que esa fascinación quede constante en las páginas de ese diario, tan bien hecho, de Rosario, donde usted, amigo mío, ha publicado un ensayo sobre mí, de los mejores que se han escrito sobre esta ruina de huesos, en la Argentina”.
Por otra parte, y ya que de él se habla, cabe informar que Juan Ramón Jimenez estuvo nuevamente ayer en esta ciudad, de paso para Buenos Aires luego de las conferencias que pronunció en Santa Fe y Córdoba. Aprovechando la oportunidad de su corto regreso, el poeta entregó al doctor José. M. M. Fernández un donativo con destino al pabellón de mujeres del servicio de leprología del Hospital Centenario. 

Creo que fue en el mismo año, 1948 que vino a Rosario la celebrada actriz española Margarita Xirgu, gran intérprete de Federico García Lorca. Una tarde Margarita vino a la escuela y qué mezcla de sorpresa, de emoción y de alegría nos produjo su presencia. El patio se llenó de niños, de maestros, de vecinos pues la noticia corrió veloz por el barrio. Margarita Xirgu que noche a noche con teatro colmado la aplaudía con entusiasmo y emoción el público de Rosario, estaba con nosotros, en nuestra escuela que les ofreció una fiesta. Al día siguiente el diario “LA CAPITAL” publicó lo siguiente: SE REALIZÓ UNA FIESTA EN LA ESCUELA EXPERIMENTAL. En la “Escuela Experimental de Alberdi”, que dirige la señorita Olga Cossettini, se efectúo ayer a la tarde una simpática fiesta en la que los más aventajados alumnos del establecimiento demostraron sus admirables condiciones de estudiantes prolijos e inteligentes. La fiesta tenía ayer una importancia inusitada, pues concurrieron a la misma la actriz Margarita Xirgu, algunos destacados elementos de su compañía, dirigentes de los organismos de cultura de esta ciudad e invitados especiales. Los alumnos representaron “La Manca”, de Gabriela Mistral; “El Caballero de la Mano de Fuego”, de Javier Villafañe, y “La Hilandera de los cabellos de oro”, de Mario, uno de los más inteligentes estudiantes de la Escuela. Pero lo que realmente causó extraordinaria impresión en el público, fue la orquesta de Pájaros, a cargo de varios alumnos que imitaron el
canto de numerosos pájaros, bajo la inteligente dirección de Leticia Cossettini. Luego el director de orquesta de la compañía de M. Xirgú, señor Jerdá y su señora, interpretaron varias canciones españolas, con innegable buen gusto, mereciendo los más cálidos aplausos de la concurrencia. Margarita Xirgú, por su parte, recitó los poemas con su reconocido dominio del arte de la declamación. Acallados los aplausos de la numerosa concurrencia se dio por terminada la interesante fiesta de arte, llevándose los concurrentes una admirable impresión y un imborrable recuerdo. Pero no puedo dejar de recordar a los muchos educadores que viajaban horas, en los últimos días del año para asistir a las “MISIONES CULTURALES” que hacíamos en los distintos lugares del barrio, en contacto con vecinos que no conocíamos, pero con los cuales los niños creaban una corriente de simpatía y de cordialidad.

En esas misiones se transportaban mesas de trabajos, microscopio, tubos de ensayo, ilustraciones sobre alimentos, insectos dañinos, y muestras de jabón, linimentos y betún, flit caseros, enseñando su fabricación; las niñas enseñaban a hacer juguetes de trapo con moldes preparados y después cantaban en coro o danzaban. Expresiones de afecto hacía exclamar a las gentes: vuelvan otra vez, los esperamos, no se olviden de nosotros.
Y los maestros visitantes conmovidos nos preguntaban: Cómo logran este resultado, cómo pueden llegar a esto, pero las respuestas podían darla las maestras y las directoras del laboratorio de Ciencias Naturales que tan admirable obra hicieron sucesivamente SOFIA DE ALCACER Y ETELVINA ETCHEVERRIA.
Todo cuanto he dicho hasta aquí se relaciona con la escuela y sus ilustres visitantes, pero ya fuera de la escuela siguieron sus visitas al barrio otros personajes notables, en el año 1956.
Con AURELIA MORELLO, vecina de Alberdi y muy querida profesora, con Leticia, integrábamos la C.D. de la Filial del Colegio Libre de Estudios Superiores de Bs. As, cuyas cabezas directivas estaban en Rosario, Hilarión Hernadez Larguía, Ortiz de Guinea, José Bruera, Cortes Pla, Vila Ortiz. Esa Filial daba sus conferencias y cursos en el salón del Centro de Escribanos, gentilmente cedido. Destacadas personalidades ocuparon la cátedra, ya por conferencia o curso: Dr. Roberto Giusti, Jorge Luis Borges, José Luis Romero, el historiador de la ciencia, Ing. José Babini, la escritora Victoria Ocampo, Prof. Vicente Fatone, el Dr. Ernesto Epstein, el poeta español Rafael Alberti, el poeta cubano Nicolás Guillén y tantos otros.

Nuestro Alberdi era el remanso y aquí venían atraídos por la presencia del árbol, la incomparable belleza del río y de sus islas, la visión de la ciudad recostada en la costa y el aire fresco y diáfano, y las gentes sin prisa presto el saludo fraterno, la cordialidad y el afecto.
Venir a Alberdi significaba para aquellos distinguidos visitantes, el descanso o un alto en la tarea y les costaba el regreso cuando el paisaje y la quietud se apoderaba de ellos. Y, ahora, nada más, GRACIAS.
                                       Olga Cossettini, s/f.

 

 

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